Cuando se despidió de Yanase, quien se había quedado hasta tarde para ayudarle, todo quedó en silencio. Cuando están en periodo crítico es muy raro que hablen mientras trabajan, sin embargo, sí se siente la diferencia de cuando hay alguien a cuando no.
- Bien, vamos a esforzarnos una vez más.
Mientras murmuraba para sí mismo tratando de disfrazar el silencio, sonó el timbre. Antes de que pudiera contestar el interfono, escuchó que la puerta se abrió. Seguramente era Hatori que suele entrar con su copia de la llave. Regresó a la puerta principal y saludó al recién llegado.
- ¡Tori! ¿Dijiste que vendrías hoy?
Hatori había llegado en mal momento. Seguramente fue saliendo del trabajo.
- Vine a ver cómo van las cosas. ¿Lograste avanzar?
- Ehm, sí, más o menos. Creo que podría terminarlo mañana en la noche.
- Está bien. Intenta no extenderte hasta pasado mañana.
Mientras le decía esto, le dio una bolsa con el logotipo de la editorial Marukawa. No estaban en la temporada en la que se repartían las revistas muestra, por lo que se preguntaba qué había adentro.
- ¿Qué es esto?
- Chocolates de San Valentín de tus admiradores. Solo traje los que habían llegado hasta hoy. Seguramente, la próxima semana habrán llegado más, así que te los enviaré.
- ¿En serio? ¡Qué suerte! Tenía ganas de comer algo dulce.
Cada año, los lectores le regalan chocolates de San Valentín. La mayoría van dirigidos a sus personajes, pero él como su autor, está más que agradecido de poder comerlos.
- Ya es muy noche, así que come con moderación.
- De todas formas, estaré despierto hasta mañana. Así que no pasa nada.
Hatori se dirigió hacia la cocina con una bolsa de supermercado en la mano. Seguramente va a preparar la cena. Yoshino tomó unos chocolates de los que le habían enviado sus admiradores y regresó a su escritorio.
(Esto me dará energía para continuar durante un rato)
Mientras se enfocaba en trabajar con el bolígrafo, sintió un olor dulce, como de azúcar quemada.
- ¿Mm?
No sabía qué era exactamente lo que Hatori estaba haciendo. Trató de ignorarlo un momento y siguió trabajando, pero no pudo soportar más la curiosidad y se dirigió a la cocina.
- ¿Qué haces?
- Justo a tiempo. Estaba a punto de ir a llamarte. Siéntate y espera.
- ¿?
Tal como le indicó, se sentó en la mesa y esperó pacientemente. Frente a él le colocó un plato de postre muy parecido al de los restaurantes.
- ¿Qué es esto?
- Lo hice. Dijiste que querías comerlo.
- ¡Eeeeh…!
Ahora que lo pensaba, la otra vez habían hablado algo de eso.
Mientras acomodaba el borrador, veían en la televisión un programa especial de San Valentín donde mostraban un restaurante que, en su menú especial por tiempo limitado ofrecía fondant de chocolate[1] recién horneado.
Era fascinante ver el helado derretirse sobre la masa caliente y el chocolate derretido que salía del lugar donde se había introducido el cuchillo.
- Quiero ir a comer eso.
- Te compraré uno la próxima vez. Así que resiste por ahora.
- ¡Si lo compras, para cuando llegues ya estará frío! ¡Yo quiero el recién horneado con chocolate derretido saliendo de su interior!
En ese entonces, estaba tan atascado con el manuscrito que solo quería escapar un rato de la realidad. Por eso quedó fascinado con el fondant de chocolate que acababa de llamar su atención.
- Entonces, deberías terminar el manuscrito antes de la fecha límite. Así, si terminas a tiempo, podré llevarte.
- Por supuesto que no podré hacer eso…
En una situación en la que suele atrasarse con el borrador, es imposible que se dé el milagro de poder terminar el manuscrito antes de la fecha límite.
- Si ya lo sabes, mueve esas manos. No hay tiempo para distracciones.
Hatori dijo esto y apagó el televisor.
- ¡Ay!... Está bien, lo acepto. Viviré sin fondant de chocolate por el resto de mi vida.
- Si sigues quejándote, no podrás cenar esta noche.
- ¡Wah! ¡Perdón! ¡Me apuro! ¡Me apuro! ¡¡¡Ya no me estoy quejando!!!
Desde entonces, se había olvidado de que había pedido algo tan egoísta, pero parece que Hatori lo tenía muy presente. No iba a poder cumplir con el plazo, por lo que sería imposible ir a ese restaurante. Así que probablemente pensó que al menos podría tenerlo recién hecho.
(Yo… me siento tan amado…)
Lo había dicho medio en broma, así que no esperaba que Hatori lo hiciera con sus propias manos. Además de estar conmovido, admiraba las grandes habilidades de Hatori.
- Cómelo antes de que se enfríe. Dijiste que no querías comerlo si no estaba caliente, así que por eso lo hice.
- Ah, sí. ¡Lo comeré! ¡Lo comeré!
Cuando introdujo el tenedor, el delicioso chocolate salió del interior. Tomó la bola entera de helado, se la llevó a la boca y el sabor a chocolate amargo y helado de vainilla se extendieron por su lengua.
- ¡!
- Es la primera vez que lo hago, así que no puedo garantizar el sabor.
- No te preocupes, ¡está increíblemente delicioso! ¡Ya te puedes casar!
Estaba tan impresionado por lo delicioso que era, que soltó sus palabras descuidadas como siempre. Esperaba que le respondiera molesto “¿qué cosas dices?” pero, inesperadamente, le contestó con el rostro serio.
- Bueno, ¿cuándo quieres hacerlo?
- ¿Eh?
No se había dado cuenta de lo que había dicho y se paralizó.
- Si me casara, sería contigo. Ambos somos hombres, así que recurriremos a la adopción[2] . Espera, en ese caso, yo tendría que adoptarte al ser el mayor; así que tendrás que presentarte como yerno.
- Y-yo solo estaba hablando por hablar…
Quiso aclarárselo a Hatori, quien tenía un gesto de haber empezado a pensar seriamente. En ese momento, éste soltó una pequeña bocanada de aire.
- Estoy bromeando, no seas tonto. Solo come y vuelve al trabajo.
- Y-ya v-veo… ajaja…
Aunque le contestó con una sonrisa, por alguna razón, su ánimo decayó. Yoshino inclinó la cabeza ante el cambio repentino de humor. No sabía muy bien qué le había deprimido.
Siguió pensando en ello durante un rato mientras se comía el resto del fondant de chocolate y solo pudo llegar a una conclusión.
(… ¿Será acaso que me siento decepcionado…?)
Tal vez le había sorprendido demasiado que Hatori le haya dicho que estaba bromeando. En otras palabras, él mismo no lo estaba tomando como una broma.
- …
En el momento en el que se dio cuenta de lo que estaba pensando, su rostro se puso caliente. Estaba muy avergonzado. Si Hatori se enterara de lo que estaba pensando, no sabría qué decirle.
De un momento a otro se inquietó y se levantó de su asiento.
- ¡V-voy a terminar el manuscrito!
- Está bien, da tu mejor esfuerzo.
- S-sí.
Yoshino regresó torpemente a su cuarto de trabajo y cuando
se quedó solo, se cubrió la cara con las manos y murmuró:
- Quiero cavar un hoyo y enterrarme…
Siempre se queja de que Hatori dice cosas vergonzosas pero también
se avergüenza de él mismo por reaccionar así. Le estaba siendo muy difícil
reprimir la sensación de querer salir corriendo de la habitación.
Algún día abordaremos todas las veces que estos dos han hablado de matrimonio porque no mentimos cuando decimos que ya están más que comprometidos.
[2] En Japón cada ciudadano está inscrito en el sistema Koseki. El registro de Koseki desempeña un papel similar al del matrimonio en Occidente. Otorga a un miembro integrante del mismo, el poder legal como pariente más cercano para el tratamiento de asuntos civiles como la herencia, las visitas al hospital o el derecho a organizar un funeral. Por lo tanto, registrarse mutuamente como parte del koseki supone un sustituto del matrimonio al estilo occidental. Es por ello que las parejas homosexuales japonesas, a falta de una legislación civil que regule el matrimonio entre personas del mismo sexo, a menudo usan procedimientos de adopción para registrarse como pertenecientes al mismo hogar: el compañero mayor "adopta" legalmente al compañero más joven que, en ausencia del cónyuge, lo convierte en el único miembro de ese hogar. [Fuente]